Mi práctica artística explora el cuerpo humano como territorio emocional, un espacio frágil donde coexisten la memoria, el agotamiento y la transformación. Me atraen los momentos de colapso interior y metamorfosis silenciosa, cuando el cuerpo ya no resiste, sino que escucha lo que el corazón lleva en silencio.
A través de imágenes figurativas, abordo la forma humana no como una estructura idealizada, sino como un recipiente vulnerable, marcado por la fragilidad, la resiliencia y la introspección. Grietas, heridas y elementos orgánicos emergen como metáforas visuales de estados emocionales como el duelo, la fatiga y la supervivencia.
Trabajo principalmente con acuarela y técnicas mixtas sobre papel, permitiendo que la transparencia, la superposición y la imperfección desempeñen un papel esencial en el proceso. Estos materiales refuerzan la idea del cuerpo como permeable y efímero, constantemente moldeado por el tiempo y la experiencia.