Pintor, dibujante e ilustrador con una formación académica obtenida a partir de sus primeros estudios de pintura en la la Academia Nacional de Artes Plásticas “San Alejandro” de La Habana, el Insituto Superior de Arte de la capital cubana y en el internacionalmente prestigioso Instituto Estatal V. I. Surikov, de Moscú, donde en 1984 termina sus estudios especializados y obtiene el grado de Master of Fine Arts, en la Especialidad de Pintura de Caballete.
A lo largo de su exitosa trayectoria artística ha presentado su obra en salas, galerias, ferias internacionales y centros culturales de importantes ciudades del mundo.
El pintor Francisco Sánchez/Guanabacoa, además de vivir en Santo Domingo, donde tiene su taller y profundiza en sus investigaciones visuales y antropológicas, mantiene un puente de retroalimentación social y cultural con el Caribe, en directa conexión con sus raíces para profundizar el lenguaje contemporáneo y universal de sus formulaciones estéticas.
Sobre la obra:
“Credo y asecho”
En términos generales, la obra expone la naturaleza del conflicto africano a mediados del siglo xx, cuando el colonialismo y imperialismo mantenían bajo amenaza a las tribus africanas y a la vida silvestre. Se manifiesta en la obra un concepto de una insurrección africana para desarrollar la trama. El choque de culturas puede observarse «masivamente activo».
Sobre la obra
"El turno de la historia"
En” El turno de la historia” utilizo la imagen del carrusel como metáfora de los ciclos del poder, la memoria y la representación. Lo que aparenta ser una escena festiva y ornamental se revela, poco a poco, como un espacio donde la historia se repite bajo nuevas formas, pero con estructuras reconocibles.
La figura central —una mujer afrodescendiente vestida de malva— no ocupa el lugar de la víctima ni del ornamento pasivo. Su postura es serena, consciente, contenida. Ella no domina el carrusel, pero tampoco es arrastrada por él. Habita el centro del movimiento, observando mientras todo gira a su alrededor. En su quietud hay resistencia y lucidez.
Los personajes que la escoltan —guardias, militares, símbolos de autoridad— representan los dispositivos que históricamente han custodiado el orden: la religión, la fuerza armada, la herencia colonial. Sin embargo, aquí no ejercen un poder explícito; acompañan, vigilan, repiten un rol aprendido. Son parte del mecanismo circular.
El turno de la historia no propone una confrontación directa, sino una pausa reflexiva. Sugiere que la historia no avanza en línea recta, sino que gira, se reencarna y vuelve a ofrecer turnos. La pregunta que queda suspendida no es quién manda, sino quién observa, quién espera y quién decide, finalmente, bajarse del carrusel.